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lunes, 26 de noviembre de 2007

CONTRA LA APATÍA OTOÑAL ...

CONTRA LA APATÍA OTOÑAL ...

Llegan las lluvias (a los que les llegan), el frío, los catarros, la gripe, l
a caída de la hoja, la recogida de la aceituna ... y uno de lo único que tiene ganas es de estar en su casa calentito ...  

Y para eso, suerte que tenemos ... “RETREMPANDO, EL BLOG DE ILDEFONSO MELERO” Las mejores mujeres de las series de fritangaciencia enseñando cacha (y algunas hasta más), cortesía del Hugh Hefner del fandom español: Superheroínas, actrices de series y de películas, todas ellas calentando al personal (al personal masculino, se entiende) en un blog que levanta pasiones.

Algunas fotos que usted podrá encontrar en el blog:































Han dicho del blog:

“Es un blog la mar de libegal éste de Ildefonso Melego : pogque en este blog se enseña carne como se tiene que enseñar, no como en tanto blog de pdgogueggs que hay por ahí, que las únicas mozas que se ven son Pilar Bagdem y Ana Belén”
Federico, presentador del show radiofónico “Federico el de los Palotes“
 


“¿Qué tal estáis, familia? Este es un blog que os va a gustar a todos los chavales que estáis en una edad que ya ... Y lo mejor es que, como es gratis, podéis ahorraros el dinero para compraros el 'As”, con esos artículos tan estupendos del Relaño y para que os compréis también los partidos del Plus y no los tengáis que ver en los bares, que están llenos de gentuza”
José Ramón de la Mirinda, locutor radiofónico

(Esta vez sí que me he ganado que me crucen la cara. Señor, qué cabroncete que estoy hecho)

lunes, 19 de noviembre de 2007

"Hay escritores cuyos textos rebosan compasión

"Hay escritores cuyos textos rebosan compasión y son incapaces de sentirla. Ejemplos hay miles": Elvira Lindo, en "El país" del domingo pasado.

Qué razón tiene la señora. Y no lo digo por los que yo he tenido la suerte de conocer, que en su mayoría son bellísimas personas. (Es lo que tiene ser friqui, que no se te suben los humos)

(¿Y este post a qué viene? Pues francamente yo tampoco lo sé, pero la frase es para enmarcarla)

domingo, 18 de noviembre de 2007

¿NO HAY SEXO EN LA HISPACÓN?


(El efecto cómico del título anterior aumenta si se tararea con la musiquilla de la canción “No hay marcha en Nueva York” del grupo Mecano, en la que se incluía uno de los más bellos versos de la música pop de los ochenta entonado por una de sus más potentes voces: “que te comen el coco con los telefilmes /pero es un ardid /y estoy loco/por irme a Madrid”)
Por medios que no vienen a cuento ha llegado a este blogete la carta de queja de un asistente a la última Hispaconst, en la que le hace llegar su malestar a uno de los responsables de la entidad organizadora por lo que considera “serias carencias que la Funkdación debería solventar en futuras actividades”
Señor Mario:
Soy (gran borrón de Tipp-ex de un lado a otro de la página), asistente a la convección anual de fantasía, ciencia-ficción y etcétera que se ha desarrollado el primer fin de semana de noviembre en su sede de la calle Max Planck (o Niels Bohr o Enrico Fermi, no recuerdo bien ... nunca he tenido un gran concepto de los físicos que necesitan reactores nucleares para poder hacer descubrimientos) de la Isla de la Chartreuse en Sevilla. La experiencia en general no ha estado mal: como sociólogo que está preparando un estudio que se titulará “Fandom y fracaso existencial” me resulta fascinante ver a tantos aficionados a ese género intercambiar opiniones como personas civilizadas y no he percibido en absoluto esa supuesta incapacidad de interacción social que se les achaca – lo que no quiere decir que cuando se juntan en un corrillo no sea para mantener una discusión absolutamente bizantina sobre los temas más intrascendentes-. Le comento lo del estudio por si le interesa que acuda a algún acto en que cuadre mi conocimiento sobre el tema (o si en alguna boda, bautizo o comunión necesita de un prestidigitador, “Gedeón el Misterioso”, hará las delicias de pequeños y mayores). Además me he pulido una respetable cantidad de dinero en los tenderetes de las editoriales y librerías que acudieron al evento lo cual supongo que habrá contribuido a que sientan su presencia justificada.
A estas alturas de la carta, señor Miramax, usted se estará preguntando que si me lo he pasado bien de qué me estoy quejando: pues se lo voy a explicar. Seguro que usted se habrá dado cuenta alguna vez que haya tenido que volverse del trabajo a su casa a recoger algo olvidado de todo el tiempo que se le habrá ido entre una cosa y otra. O alguna vez habrá metido los pies en un charco y habrá buscado desesperadamente por calles y calles de toda la isla esponjas para el calzado y pañuelos de papel para chupar esa humedad que hace que los calcetines se destiñan sobre los pies. Pues en una situación parecida me encontré yo el pasado sábado a causa de la ubicación de su sede:

El viernes, además de otra mucha gente interesante que acudía a la convección me encontré con varios miembros femeninos de la web de foros www.seducen.com que me ayudaron a conocer la noche sevillana. ¿Qué le voy a contar yo a usted que no sepa? Baste decirle que no asomamos el pelo por ninguna de las actividades programadas antes de las 12 de la mañana, y confieso que si no fuera por ver a una de ellas las limpiadoras del hostal hubiesen tenido que sacarme de entre las sábanas como si fuera una mancha ... nada que no arregle una buena taza de café, pensé mientras me dirigía a la sede de la convección. O un té, le dije a uno de los tres camareros del catering. O Colacao, que tampoco tenían. Afortunadamente, para mantenerme despierto estaba una de las chicas de la noche anterior, en cuya compañía asistí a unas mesas redondas muy interesantes por parte de varios escritores de terror que, como es costumbre, describen la situación de su mercado como pavorosa. Ella y yo pudimos aprovechar las consolas Wii que ustedes incluyeron para que la concurrencia se desahogara dando raquetazos aunque fuera virtuales si se aburrían de tanta charla. Quién me iba a decir a mí que podría sacarle algún partido a las innumerables partidas jugadas con mi sobrino para enseñarle a esa chica cuya identidad no sería correcto revelarle, señor Miramax, a jugar al golf de la Wii atrayéndola a mi vera, apoyando los brazos sobre sus caderas para que cogiera el palo virtual de la mejor forma posible. El ejercicio nos despertó el apetito, con lo que volvimos a tomar conciencia de lo problemático que es comer en la isla un sábado a mediodía. Vimos cerrada la cafetería que hay enfrente de la Fundación, así que acabamos recorriendo durante tres cuartos de hora el recinto de la Cartuja en busca primero de un restaurante representativo de la cocina sevillana, luego simplemente de un restaurante y al final en busca de cualquier sitio en el que nos echaran de comer, fuera lo que fuera. Después me han comentado que había un restaurante abierto ese mismo sábado. Qué pena que no se hiciera anunciar con fuegos artificiales porque así lo hubiéramos visto y no hubiésemos tenido que llamar a un taxi para suplicarle que, por favor, nos llevara al sitio más cercano en el que se pudiera comprar comida.
Además de que el taxi tuvo que venir desde el centro y nos acabó llevando al bar de su cuñado dándonos un bonito paseo por toda Sevilla para que pudiéramos contemplarla en toda su grandeza y en toda su extensión y así el taxímetro también pudiera correr más también me queda el mal sabor de boca (literal) de que el cuñado (un hombre con pocos dientes, pero los pocos tenía se habían quedado con todo el calcio de los que faltaban) tenía el mismo amor por el trabajo bien hecho que su pariente político y nos puso unas croquetas que, al contrario que el taxi, que había prolongado su trayecto por la ciudad mucho más tiempo del imprescindible, habían pasado por el microondas menos, de forma que al hincarles el diente dimos con un núcleo duro, como quien encuentra un premio en el roscón de Reyes, aún por descongelar.
Será porque nada une tanto como las desgracias compartidas, pero tras pedir un segundo taxi que nos enseñó las partes de la ciudad que se había olvidado el anterior, volví a la sede de la Hispacón con mi mano sobre su hombro, como queriendo protegerla de los aparcacoches que andaban por la isla. La primera ponencia que tocaba esa tarde hizo honor a su nombre, al menos en lo que a mí se refiere: la erudita Genoveva Caldwell puso una imagen de un subgénero del fantástico que se hace en Japón conocido como carai, uruguai o rajoi en la que no recuerdo si había monstruos, marcianos o qué, sólo puedo recordar el sonrojo que me vino viendo a la muchacha que salía, cómo salía y todo lo que le salía, y lo primero que pensé fue “Ufff, esta ponencia me pone”.


Esta turbación mía no le pasó desapercibida a mi amiga que, de verme así, debió experimentar una sensación similar, pues dejó su mano sobre mi vientre, no sé si consciente o inconscientemente. Mi mano, que ahora estaba sobre su cadera, la apretaba contra mí y amenazaba con explorar nuevos territorios que es mejor no recorrer en público por el qué dirán. Por suerte, la ponente dio por concluida la charla antes de que perdiéramos el control y salimos corriendo de la sala, olvidándonos de todo lo demás. Recuerdo que mientras nos besábamos apasionadamente en el hall alguien dijo “Eso es chupar caracoles, sí señor”. Mucha envidia es lo que hay. Y poca educación.


Fuimos en busca de un cuarto de baño para tener un poco de intimidad, aunque para eso tuviéramos que pasar por la sala central en la que tenía lugar una conferencia que debía de ser de lo más absorbente porque si no, no se explica que nadie se fijara en dos personas pasando a toda prisa, sofocadas y respirando agitadamente, una con una blusa con más botones desabrochados de lo habitual y otra con la cremallera a medio abrir y lápiz de labios extendido por rostro y cuello.

A estas alturas de lo escrito, señor Miramolín, usted pensará que, quitando las compañías encontradas, no le he encontrado más que defectos a la convección que usted ha organizado. En absoluto. De mi paso por los aseos de la sede de su Fundición guardo un recuerdo imborrable ...limpios, bien cuidados, con sanitarios y portarrollos de primerísima calidad, con una decoración impresionante ... No me hubiera importado permanecer horas y horas en ese aseo acompañado como estaba, pero se podrá imaginar usted que antes o después llegaríamos a un punto de no retorno.

Como la espada de Elric de Melniboné, que una vez desenvainada no permite a su amo llevarla de vuelta a su sitio sin antes haber dado a otros a probar su filo, así me encontraba yo. Pero, ¿dónde estaba el escudo? En el bolso de mi partenaire no. En mi cartera, desoyendo el dicho “No te vayas de hispacones desprovisto de condones”, tampoco. En los aseos ... y es aquí donde quería llegar .... tampoco. Me pregunto yo qué costaba poner una máquina de preservativos, señor Miramax. La de pasiones que deben de haberse frustrado por esa falta de previsión por su parte.

Salí corriendo y pregunté a dos azafatas vestidas de rojo (el color que más me pone) que había en la entrada “Oye, ¿no os quedarán condones?” Algo me dice que sí debían llevar, pero se cortaron pensando que les estaba tirando los tejos, como si estuviera pensando en llevármelas al cuarto de baño también. En fin, las he visto más serviciales y más atentas a que el invitado disfrutara más de la visita.

Ella y yo tuvimos que salir corriendo de la sede hacia la farmacia que yo recordaba que había en la misma calle, a unos 30 metros de distancia (de ahora en adelante, nunca se me olvidará quedarme con todas las farmacias colindantes a las hispacones) ... para encontrárnosla cerrada por ser sábado por la tarde. Nunca en mi vida habré usado palabras tan fuertes para referirme al gremio de los boticarios. Nunca he corrido tan rápido buscando un establecimiento de ningún tipo.
Mientras recorríamos desesperadamente la zona yo veía un un sinfín de sitios que nos permitirían terminar lo empezado lejos de miradas curiosas y aparentemente fuera del alcance de cámaras de seguridad, pero, por más que mirábamos en los planos de
la Isla, de la que yo me sentía tan cautivo como el Número 6 en “El Prisionero”, no veíamos ninguna. Creo que en nuestras vueltas pasamos dos o tres en torno a la reproducción del cobete Arianne que, tal como estábamos, nos pareció fálico a más no poder y, cada vez que lo veíamos yo le recordaba que hay un gran número de alternativas a la penetración clásica. Sin embargo, ella desconfiaba de la proposición que le hacía (porque supongo que más de una vez se la habrían hecho y no la habrían cumplido en todos sus términos): “Tú empieza a chupar, que cuando esté para acabar te aviso”
Nuestro peregrinar por la isla de la Cartuja acabó como tenía que acabar: con mi gozo en un negro y turbio pozo. Ella se plantó y me dijo que tenía que coger al autobús de vuelta a su ciudad natal para participar aquella misma noche en un show con una boa de plumas, una camiseta de la “Legión del espacio” mojada y alguna que otra cosa que ahora no recuerdo en una discoteca para sacarse unos euros que ayudaran a pagar su título universitario de maestría en “Crítica comparada de marquetería islámica y bricolaje hindú” Yo la acompañé hasta el puente de la Barqueta, donde le esperaba un taxi que había llamado para llevarla a la estación de Prado de san Sebastián y desde allí la vi abandonarme. Me volví hacia la isla y, presa de la desesperación, como Charlton Heston en la escena final de “El Planeta de los Simios”, le di la espalda al puente que llevaba a Sevilla y grité “¡Isla de la Cartuja, yo te maldigo!” Volví a la sede de Max Planck con el rabo entre las piernas y con una mirada de rencor hacia las azafatas que seguro que hizo que buscaran en las agendas el número de la policía municipal. Tal era mi grado de excitación que llegué a pensar en vaciar el contenido de un extintor de nieve carbónica de los que había en las paredes de la fundación sobre la zona afectada para devolverla a su estado de reposo y, viendo que los miembros de la junta restora de la Asociación de Horricientástico estaban preparando los trofeos Ignatius que se entregarían durante la cena de gala y que estaban compuestos por dos loscos que se fijaban el uno al otro con pegamento, pensé en pedirles prestado uno de esos monolitos para coger cada una de las partes con una mano y, de un golpe seco, interrumpir el flujo sanguíneo por la zona.
No ayudó a mejorar mi humor ver cómo durante la entrega de premios uno de los ganadores recibía la más ardiente (más que ardiente, al rojo vivo) felicitación por parte de una presentadora de la ceremonia. (El otro presentador al verlos, debió pensar lo mismo que yo y le vi buscar con la mirada un extintor por si la cosa se calentaba en exceso y había que enfriar a la parejita con un buen chorro de dióxido de carbono)
Por tanto, señor Miramar, convaleciente como estoy de una torsión testicular que hubo que tratarme de urgencia en el hospital Virgen del Rocío a causa de la tensión padecida en la zona durante tantas horas, le ruego que abra los ojos y mejore la dotación de la sede poniendo en los aseos una máquina de preservativos, a ser posible con una amplia gama de colores, texturas y tallas,ya que tendrá usted visitantes de todo tipo de culturas y razas. Ustedes están acostumbrados a organizar congresos de rabinos, imanes, solenoides y a saber qué más y nunca habrá salido de unos señores tan adustos y venerables una petición como ésta, pero sepa que más de una pareja puede acabar agradeciéndoselo, quién sabe si hasta poniéndole su nombre a sus hijos.


Atentamente suyo,

Firma ilegible


martes, 13 de noviembre de 2007

RECUERDOS DE SEVILLA

 
Exagerando un poco (y recordando el clásico del 1986 de Housemartins) ...

martes, 6 de noviembre de 2007

AND THE BRICK GOES TO ...


El sábado 3 de Noviembre, en el marco incompatible de la Funkdación Tres Culturas, hicimos saber el nombre del ganador del Premio “Días de vino y fandom” al Peor (sí, el Peor) Artículo. Orgullosos de unos concursantes que han sabido dar lo peor de sí mismos como articulistas, hacemos saber al mundo que en el firmamento del ensayo más que tres estrellas han aparecido tres nuevos agujeros negros que llenarán de bochorno las revistas y blogs del Internet ése:


El Ladrillo de Oro va a ir a parar a Valencia para Ramón Soriano, que, con su artículo “Kurt Russell, para la revista chunga ésa” (por cierto, Ramón, esto es un blog y no una revista) ha pulsado la vena sensible de los miembros del jurado con frases como “La moraleja es de esta película, como casi todas las que me suelen gustar, es que no salgas de casa nunca sin la recortada”, cargadas de poesía y dignas de figurar con letras capitales en todos los libros de texto de “Educación para la ciudadanía”

El jurado también considera, en un alarde de generosidad, que también han demostrado sus deméritos Juan Miguel Pascual con sus “Desvaríos de un encabronado” (título que podría ajustarse al 23 % de los blogs del fándom) e Isaac Zamora con “Ciencia – Ficción o nada” (la verdad es que hay ratos que uno se queda con lo segundo)

Muy pronto los libros cedidos por esos santos varones que son los dueños de las editoriales colaboradoras partirán jubilosos para llenar de alegría, ilusión y buena literatura las casas de los gallardonados.

Por ahí hay unas cuantas fotos de los membrillos del jurado y de esos momentos en Sevilla que ya iremos subiendo.

viernes, 2 de noviembre de 2007

NOS VEMOS EN SEVILLA


(Ojo, que no hace falta estar inscrito para visitar la Hispacón) ... y allí se conocerá el nombre del ganador del Premio Días de Vino y Fandom al PEOR artículo ... El Ladrillo de Oro espera ansioso saber el nombre del articulista que lo acogerá en su casa.

¿De qué va esto?

No sabéis dónde os metéis .... Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia del todo, pero casi. Friquis, aznarquis, hards, gafapastas, conanianos, trekkies ... todos ellos pasados por la turmix (o la thermomix) de la parodia.